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FRANCISCO ARIAS SOLIS

17/11/2007 GMT 1

MIGUEL DE UNAMUNO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

aarias @ 21:06

MIGUEL DE UNAMUNO
(1864-1936)

“¿Hombre de letras?,no, que no soy tabla
ni humanista, ni literato;
hombre de humanidad.”
Miguel de Unamuno.

LA VOZ DEL MISTERIO DE LA PERSONALIDAD

Fue Unamuno un pensador, un poeta, un ensayista, un dramaturgo, un periodista, un polemista o, como él mismo decía un “agonista”, todo lo cual contribuye que nuestro “autor” no se agote fácilmente. Pero un autor no resulta inagotable por la diversidad de los géneros que cultivó o la variedad de asuntos y temas de que se ocupó, ni porque haya dicho, o se ha esforzado por decir, una sola cosa realmente sustanciosa, la que, por cierto, no será ya entonces una “cosa” porque no podrá jamás identificarse completamente con un “asunto” , un tema, o siquiera una idea.

Si esa “cosa” inagotable no es, pues, ni un “asunto” ni un tema, ni una idea, ni siquiera una intuición, ¿de qué se trata? Digámoslo sin ambages: de una personalidad. Pero entonces, ¿para qué hablar especialmente de Unamuno? Por mal que le pesase, no tenía o ejercía , el monopolio de la personalidad. Si de personalidad se trata, podría hablarse de cualquier persona humana y descubrir que es también inagotable; tras haber dicho de ella muchas y muchas “cosas” , siempre quedaría alguna otra “cosa” que decir. Como escribió Sartre, echando mano de una expresión unamuniana, cualquier persona humana es “todo un hombre”. Por ser simplemente una persona humana y, en consecuencia, “todo un hombre”, Unamuno no difería de cualquier otra persona humana: Unamuno era Unamuno y era cada uno de nosotros.

Ahora bien, hay en toda persona humana lo que Unamuno había llamado, antes de que lo hiciera Gabriel Marcel , “un misterio” más bien que un problema: el misterio que consiste en ser como todos los demás –por tanto, “todo un hombre”-. Cada persona humana es a un tiempo ella misma y todas las demás. Se trata, pues, de un gran misterio.

Nuestro Unamuno es inagotable por ser una personalidad . Pero ¿de qué se trata propiamente? ¿De un hombre? ¿De su filosofía? Digamos más bien que de ambos juntamente. Quienquiera conozca a Unamuno sabe que su filosofía de la personalidad es a la vez la filosofía de la personalidad.

Unamuno sintió el misterio de la personalidad ante todo como algo que existe “contra” . Mucho se ha hablado de la obstinada actitud negativa de Unamuno; de u incesante e incansable “contra esto o aquello” . Es ¿por qué no?, una actitud irritante. ¿Qué quiere este hombre que habla y escribe sin parar; que nos dispara palabras como si fueran pedradas; que no está nunca de acuerdo con nada ni con nadie, incluyendo él mismo?

El “negativismo” de Unamuno era su modo personal de manifestar que no se puede hacer gran cosa con las ideas –y por tanto, con las doctrinas en cuanto sistema de ideas-, y que había que ir “a otra cosa”.

Unamuno sintió el misterio de la personalidad ante todo como “algo negativo” . Ni las ideas ni las creencias alcanzaron a colmar en él lo que Hegel había llamado “el abismo de la negatividad” . Habrá que ver ahora si no hay, o no hay también, en el misterio de la personalidad “algo negativo”.

Unamuno estaba en “contra” en el sentido de no estar de acuerdo con nada. Pero “estar en contra” quiere decir asimismo “apoyarse en” ; así ocurre con un contraluz, con un contrapunto, con un contrafuerte. En alguna medida no se puede estar contra algo sin apoyarse en él. Y eso es justamente lo que se hace –o lo que también hace- la personalidad. Si la personalidad fuera capaz de existir por sí misma se bastaría. La personalidad sería “lo que es”. Como todo “lo demás”, sería “una cosa”. Pero Unamuno tendía a ver la personalidad por lo pronto como una especie de hueco y, por tanto, como “lo que no es”. En consecuencia, la personalidad “se hace” y “deviene” . Pero ¿cómo se hace? Pues bien: “contra las cosas” y en la medida en que se apoya en ellas con el fin de disputarles el terreno, es decir, la existencia,. He aquí uno de los aspectos del “misterio de la personalidad”, no hay personalidad sino en tanto que hay cosas contra las cuales y en las cuales la personalidad se constituye. Y como decía Unamuno: “¡No logro encontrarme yo / este yo, pobre de mí! / ¡dentro oigo sino no! / ¡fuera es donde suena: sí!”

Francisco Arias Solis
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RAMON DEL VALLE-INCLAN POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

aarias @ 17:00

RAMON DEL VALLE-INCLAN
(1866 -1936)

“El chocolate –parece cuento-
no lo inventaron en un convento.

Unos lo achacan a los Aztecas,
disputan otros si Chucumecas.”
Ramón del Valle-Inclán.

LA VOZ DEL MAS AMERICANO DE LOS ESPAÑOLES

“Una lengua suprema –ha escrito de Valle-Inclán, Juan Ramón Jiménez-, hecha hombre, un hombre hecho con su lengua habla, fabla. Era el primer fablistán de España, e intentó, en su obra de madurez sobre todo, una jerga total española... “ Y es el Valle-Inclán maduro, ácido, amargo, demoledor, el que hoy nos interesa y nos conmueve: el carácter implacable de los esperpentos, el Quevedo moderno del Ruedo Ibérico, el estilista deshumanizador, acre, sombrío, de Tirano Banderas.

La máscara espectacular y truculenta de don Ramón del Valle-Inclán, el gran personaje de barbas de chivo, sigue hoy todavía recubriendo y ahogando al hombre de carne y hueso cuyo verdadero nombre era Ramón del Valle y Peña. Con razón Manuel Azaña, que lo conoció bien, lo describió como un “hombre dulce e infantil, huidizo y modesto... que vive secretamente aherrojado por el personaje fabuloso de Valle-Inclán”. Gómez de la Serna lo definía como “la mejor máscara a pie que paseaba, todo el año, la calle de Alcalá”. Para Ramón J. Sender que ha criticado a diversas personalidades de la generación de Valle, este último era el más sencillo, cortés y afable de todos sus compañeros de generación.

El Valle-Inclán íntimo podía ser tierno o brusco, dulce o malhumorado, según las circunstancias. Fue, con toda probabilidad, un “falso tímido”, un tímido a medias, resuelto a proteger su intimidad mediante un elaborado andamiaje externo que lo impelía a veces a excesos de audacia, a desplantes agresivos. Fue también, sin duda, un artista plenamente consciente de su valor y probablemente amargado al comprobar que el aplauso que la sociedad le otorgaba no coincidía con el que él creía merecer. Baroja era más leído, Unamuno más escuchado, Azorín conseguía más fácilmente la aprobación de los poderes públicos. Por los años en que D’Annunzio llegaba a la cumbre de su popularidad y se convertía en “monumento nacional”, Valle-Inclán vivía todavía en un cuchitril y tenía que pedir anticipos a sus editores para no morirse de hambre. Las leyendas tejidas en torno a su vida encubren casi siempre una realidad difícil, dolorosa. Así ocurre desde el principio, desde, por ejemplo, su famoso primer viaje a México. En un breve texto “autobiográfico” publicado en 1903 en Alma Española afirma haber sido allí “converso en un monasterio de cartujos y soldado en tierras de la Nueva España”; más adelante se concede un ascenso: había llegado a ser nada menos que Coronel general de los ejércitos de Tierra Caliente. Piadosas mentiras que ocultaban unos años de estrecheces, por no decir de miseria. Sabemos que Valle-Inclán hubo de trabajar como reportero de segunda clase, escribiendo crónicas noticiosas y reimprimiendo cuentos ya publicados en España en un diario de la capital, no llamó la atención, no consiguió abrirse paso, y su visita a México (1892-1893) debió dejarle un sabor amargo que su posterior mitificación no llegaría a borrar del todo: un resentimiento que habrá de aflorar, no en la Sonata de Estío, impregnada todavía de efluvios poéticos, de sensualismo tropical, sino precisamente en Tirano Banderas. Como si Valle-Inclán hubiese escindido su experiencia mexicana en dos mitades: una parte susceptible de idealización, y otra, digna de sátira y caricatura, que habría de dormir largos años en la memoria del escritor en espera de la transformación artística que, al hacer posibles los esperpentos, le permitiría aprovechar los materiales negativos acumulados en el recuerdo. De la experiencia mexicana –del aspecto negativo de esta experiencia- salen también ciertos personajes del esperpento La hija del capitán, de La cabeza del Bautista, de El ruedo ibérico. Poco a poco, Valle-Inclán profundiza, aquilata, subraya: lo que empezó por ser un doloroso fracaso se convierte en fuente de creación. El solía decir que el motivo principal que lo impulsó a viajar a México era, simplemente, “porque se escribe con x”. Y Valle acabaría, a la larga, por resolver –artísticamente- la incógnita que aquella x implicaba.

Valle siempre se interesó por las tierras de América. Era justo que a su vez los países del continente se interesaran por Valle. De tierras americanas han salido algunos de los más valiosos libros sobre Valle. La cosecha continúa; es justo que así sea, justo el homenaje al más americano de los españoles. Y como dijo, “este gran don Ramón de las barbas de chivo” : Melancolía de aquellos llanos / de Apán. Jinetes Áureos jaranos. / Melancolía del indio . Pena / de los que arrastran una cadena”.

Francisco Arias Solis
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La paz pide una oportunidad.

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16/11/2007 GMT 1

LA VIEJA CULTURA DEL ODIO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

aarias @ 23:46

LA VIEJA CULTURA DEL ODIO

“Es la guerra, mi voz acostumbrada
a cantar el amor y el pensamiento
canta esta vez el odio y la locura.”
Manuel Altolaguirre.

LA CARA HIPOCRITA DE NUESTRA SOCIEDAD

Hay un panorama desolador que cada día se encargan los medios de comunicación de resaltarlo. Los diversos conflictos bélicos existentes, por ejemplo, ya no afectan sobre todo a los frentes de batalla y a los militares movilizados, como antaño; hoy son los civiles quienes más pagan las consecuencias y de entre ellos, sobre todo, los niños. Enfrentamientos bélicos o no bélicos por motivos nimios, irrelevantes, casi inventados, como el origen étnico -que, a mi juicio, no es sino una variante del racismo o de la xenofobia-, o motivos religiosos -que también se las trae, a estas alturas de la Historia-, no parecen más que pretextos para enmascarar alguna otra razón de fondo, como el ansia de poder, pongamos por caso, que lo mismo puede aparecer en el conflicto albanés como entre dos “hinchadas” de fútbol, por motivos difícilmente identificables. ¿Qué puede empujar a un “skin” a apalear a un mendigo? Si los motivos objetivos son difíciles de precisar, los subjetivos seguro que nacen de la práctica de una vieja cultura del odio.

Lo que parece detectarse entre una parte de la población es un afán desmedido por liarse a tortazos a la más mínima. Y para eso, cualquier pretexto puede ser bueno; desde una “mala mirada” o ser inmigrante pobre para algunos, hasta hablar una lengua con más o menos corrección (o no hablarla) que, para otros, es el síntoma de disponer o no de un cierto pedigrí nacionalista.

Y lo más irritante es que la televisión no está sirviendo para contrarrestar esta cultura del odio, sino que, a través de su programación, sus películas o sus series, suelen acentuar la violencia, la guerra, el desamor o el egoísmo con demasiada frecuencia. Eso sí, con la excusa de que sólo reflejan lo que está en la sociedad (y por tanto, lo que vende), y siempre, con el ojo puesto en los índices de audiencia para que no baje su cuota de publicidad. Cuando miles de jóvenes se manifiestan violentamente contra el adelanto del cierre de los bares de copas en la madrugada o contra la duración de un encierro por parecerles excesivamente corto, se está mostrando el lado patológico de la rebeldía juvenil. Es el síndrome del “cojo-manteca” que avanza, y que se viene acentuando con más interés que el voluntariado generoso, que también se da simultáneamente, pero no se destaca tanto ni tan a menudo porque vende menos. Es la cara hipócrita de nuestra sociedad. Y como dijo el poeta : “Y así pasa lo que pasa, / que no hay una persona tranquila / ni en la calle ni en su casa”.

Francisco Arias Solis
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La primera víctima de la guerra es la infancia.

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A TRAVES DE LAS CAÑADAS POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

aarias @ 19:03

A TRAVES DE LAS CAÑADAS

“Por allí, por allá,
a Castilla se va.
Por allá, por allí,
a mi verde país.”
Rafael Alberti.

NUESTRA GRAN RUTA VERDE

Los orígenes de las tradicionales rutas ganaderas podrían remontarse hasta finales del periodo paleolítico si nos atuviéramos a las primeras migraciones de la fauna española. Cuando los hombres se iniciaron en la ganadería, esas viejas rutas migratorias fueron utilizadas para el desplazamiento del ganado.

Desde 1273, año en el que rey Alfonso X El Sabio creó el Honrado Concejo de la Mesta, los derechos de paso concedidos a esta asociación fueron creando una auténtica red de vías pecuarias, que como una tela de araña, comunica prácticamente toda la península Ibérica.

Además de su función ganadera tradicional, estas cañadas (y sus ramales menores denominados cordeles, veredas, coladas, descansaderos...) constituyen vitales rutas faunísticas que intercomunican parques, reservas y espacios naturales, evitando el aislamiento genético de las especies y haciendo posible el sueño de un uso colectivo y ecoturístico de envidiables proporciones.

Esta enorme red de comunicaciones alcanza la cifra de 125.000 kilómetros de longitud y comprende una superficie de 420.925 hectáreas de dominio público, lo que supone cerca del 1 por ciento de la superficie peninsular. La milenaria red española de vías pecuarias (un complejo entramado de amplios caminos verdes 15 veces más extenso que la red ferroviaria) serpentea a través de la piel de toro atravesando un mínimo de 40 provincias en un sentido predominante Norte-Sur.

Andalucía es la primera Comunidad Autónoma en cuanto a longitud (30.945 kilómetros) y superficie (112.664 hectáreas) de sus vías pecuarias, y, la extensión de las mismas equivale a 2,3 por ciento del total de la superficie andaluza. Por su parte, Sevilla, es la provincia española que cuenta con una mayor longitud de vías pecuarias (6.009 kilómetros), y también la de mayor extensión (25.594 hectáreas). Mientras que Cádiz, con una longitud de la red de vías pecuarias de 4.124 kilómetros, y una superficie de 19.025 hectáreas, sobresale entre todas las provincias españolas por la mayor densidad de su red, que supone el 2,6 por ciento de la superficie gaditana.

En muchas zonas del país puede constatarse que no quedan vías pecuarias expeditas, todas están ocupadas parcialmente, algunas cortadas y muchas desaparecidas en su totalidad. En Andalucía, se estima que el 75 por ciento de la superficie de la red de vías pecuarias se haya ocupada ilegalmente. El latifundio andaluz ha sido catastrófico para las vías pecuarias.

Las primeras acciones en defensa de este patrimonio de todos los españoles tuvieron lugar en Jerez (1786), debido a las usurpaciones que sufrieron varias cañadas, Moscatel, Mora, Varga..., por los grandes propietarios de las tierras colindantes. En el año 1836 fue abolido definitivamente el Concejo de la Mesta y las usurpaciones afectaron prácticamente a todos las cañadas. Tampoco las leyes han favorecido mucho la protección de este patrimonio y las Administraciones responsables han mantenido históricamente una actitud de consentimiento y permisividad ante la progresiva usurpación de la red de vías pecuarias.

Pero después de tantos años, más bien siglos, de abandono, parece que a partir de las últimas reivindicaciones, la Junta de Andalucía y otros gobiernos autónomos pretenden restituir el carácter público a nuestra gran ruta verde.

Se hace preciso recuperar esa enorme ruta verde que comunica todos los mares que bañan a la península Ibérica y que une a casi todas las comarcas españolas. Y como dijo el poeta: “Quiero ir por allí / quiero por allá. / A la mar, por allí, / a mi hogar, por allá”.

Francisco Arias Solis
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La primera condición para la paz es la voluntad de lograrla.

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FORO LIBRE: HOMENAJE A ALDOUS HUXLEY

aarias @ 07:04

FORO LIBRE
ASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA

Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 - CADIZ
e-mail: pazylibertad@arrakis.es
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“¿Cómo sabes si la Tierra no es más que infierno
de otro planeta?”
Aldous Huxley .

HOMENAJE DE FORO LIBRE A ALDOUS HUXLEY

El próximo lunes, día 19, a las 20.00 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21 - Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del novelista y ensayista británico Aldous Huxley (1894-1963), con motivo del 44º aniversario de su muerte.

Con uno solo de sus libros Un mundo feliz, Aldous Huxley logró zarandear a varias generaciones. De todos los mundos posibles, optó por el más triste, desesperanzado y amargo y, sin embargo, lo llamó feliz. De todas las formas que se conocen para olvidar y exaltar la imaginación, eligió la más devastadora, aunque se oculte tras distintos y llamativos nombres –serotinina, LSD, mescalina...-. En todos sus libros, volcó su inquietud por las relaciones humanas, por las religiones orientales, por los efectos de las drogas sobre el sistema nervioso.

En 1921 publica Los escándalos de Crome, novela de trasfondo autobiográfico llena de brillante ironía e ingenio. En 1928 escribe Contrapunto, que está considerada su obra maestra; la novela es un lúcido y profundo examen sobre la condición humana y sobre el destino del hombre, a la vez que un análisis inteligente de una sociedad en crisis. En 1932 publica Un mundo feliz, su obra más difundida, verdadera caricatura del mundo futuro, tecnificado y deshumanizado. El mundo que nos presenta Huxley es aparentemente tan perfecto “que el hombre es una verdadero robot, carente de libertad”, cuestionando el papel esencial de la ciencia, que debe estar al servicio de los seres humanos y no al revés. En 1938 Huxley se marcha a California, donde el doctor Bates le salva de la ceguera total. Escribe guiones para el cine. En 1941 publica El tiempo debe detenerse y, al año siguiente, El arte de ver. Aldous Huxley muere en su casa de Hollywood, el 23 de noviembre de 1963.

Previo al famoso Congreso de Escritores Antifacistas de Valencia, fue el de París, en el que se constituyó la Asociación Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. Aldous Huxley formó parte de su junta directiva.

Huxley es uno de los personajes más inquietantes, contradictorios y audaces de la historia de la literatura. Fue un escritor cerebral, un brillante cultivador de la llamada novela intelectual. Siempre fue un hombre de mala salud de hierro, capaz de perder la vista, recuperarla y además escribir El arte de ver.

No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.

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14/11/2007 GMT 1

CLAUDIO RODRIGUEZ POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

aarias @ 22:23

CLAUDIO RODRÍGUEZ
(1934-1999)

“¿Qué estáis haciendo aquí? ¿Qué hacemos todos
en medio de la plaza y a estas horas?
Con tanto sol, ¿quién va a salir de casa
sólo por ver qué tal está la compra,
por ver si tiene buena cara el fruto
de nuestra vida, si no son las sobras
de nuestros años lo que le vendemos?”
Claudio Rodríguez.

LA VOZ DE LA POESIA NATURAL

“Mi único intento, en realidad, es que mi poesía sea natural (no directa, o realista, o simbólica, etc.), de acuerdo con lo que puedo hacer y con lo que estoy viviendo”, escribía Claudio Rodríguez, el 26 de marzo de 1963.

La gran personalidad de este maestro solo es comparable a la atracción que ejerce sobre los poetas últimos. No tiene otras armas que las idóneas y lícitas en toda operación de lenguaje: vocabulario rico, musicalidad innata y esa turbadora sensación de perfección estilística. Esa fue la razón por la que, al irrumpir en el panorama de 1953 –atestado de prosaísmo agónico y desvitaminizado-, rectificó la dirección delos vientos líricos a favor de una sobriedad campestre, de comunión con el paisaje y con la presencia enraizada del hombre en el medio. De golpe, entre el neoaleixandrinismo y blasdeoterismo, el poeta zamorano coloca un diferente humanismo apoyado en la geografía, entrañado en ella, pero sin la más remota concesión al agrarismo romántico o neoclasicista.

“La finalidad de la poesía, como la de todo arte –dice Claudio Rodríguez , consiste en revelar al hombre aquello por lo cual es humano, con todas sus consecuencias. Aquí creo conveniente añadir que soy partidario del sentido moral del arte. La validez del arte entraña moralidad. No como espejo o faro, como moraleja o propaganda, sino como fundamental elemento integrador de la persona completa. La poesía trata de exponer el destino humano en una relación de totalidad con la época en que se produce y con el hombre que la escribe”.

Claudio Rodríguez García nace en Zamora el 30 de enero de 1934. Realiza su estudios primarios y el bachillerato en su ciudad natal, trasladándose a Madrid en 1952 para cursar Filosofía y Letras en la Universidad Central. Se licenció en la sección de Filología Románica , en dicha Universidad Central.

Ha sido lector de español en la Universidad de Nottingham durante los años 1958-1960. Desde 1961 hasta 1964 fue lector de español en la Universidad de Cambridge. En 1953 obtuvo el premio Adonais. Premio Nacional de Literatura en 1983 por Desde mis poemas. En 1987 es elegido miembro de número de la Real Academia Española de la Lengua para ocupar el sillón I, sustituyendo a Gerardo Diego. En 1989 es nombrado Hijo Predilecto de la Ciudad de Zamora y 1993 recibe el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Claudio Rodríguez muere en Madrid el 22 de julio de 1999.

Para muchos críticos Claudio Rodríguez es el más importante poeta aparecido desde la guerra civil. Su nombre forma parte de la generación llamada de “medio siglo”, que ofreció una alternativa a la “poesía social” imperante entonces a través del humanismo profundamente vivido y estéticamente transmitido. Si hubiera que definir a este poeta habría que decir que es un clásico intimista y humanista.

Las tierras castellanas se desvelan palpitantes y primitivas, embriagadoras de aire y de sol, de campo y de misterio casi genesíaco. Un estremecimiento personal recorre los versos del poeta zamorano, esmaltados de metáforas proteicas, esenciales, que recuerdan a San Juan dela Cruz. Claudio Rodríguez es un poeta levantado, fervoroso y encendido, de amplios horizontes, en su libro Don de la ebriedad (1953). La naturaleza con su olor y sabor, desplegada, luz a luz, de amanecida a atardecer, está muy visible en Conjuros (1958), libro pleno de la claridad zamorana y del ruido del Duero natales.

En Alianza o condena (1965) da un paso más en la concentración del contenido lírico, al igual que en su libro El vuelo de la celebración (1976). En 1983 se publica el volumen Desde mis poemas, en el que reúne toda su producción., con un prólogo escrito por el mismo. En 1991 publica su último libro de poemas Casi una leyenda.

Claudio Rodríguez es un poeta de palabras transparentes, antirretóricas, puras. “Las palabras en Claudio Rodríguez no visten nada – ha escrito su paisano Bartolomé Mostaza-; se limitan a ser luz que pone de manifiesto lo que es”. Un poeta clarísimo y un hombre de par en par. Y como dijo el poeta zamorano: “Como si nunca hubiera sido mía / dad al aire mi voz y que en el aire / sea de todos y lo sepan todos / igual que una mañana y una tarde”.

Francisco Arias Solis
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No se puede ser libre más que entre libres.

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IGNACIO ALDECOA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

aarias @ 19:45

IGNACIO ALDECOA
(1925-1969)

“Toda la voz, toda la voz es poca
para llamarlos desde mi distancia.”
Ignacio Aldecoa.

LA VOZ GENIAL DE UN VITALISTA

Este noviembre en que el otoño toma cuerpo definitivamente, caliente para algunos, templado para los de siempre, se cumplirán treinta y ocho años de la muerte de Ignacio Aldecoa, y en esta España conmovida y recelosa, a medias entre el miedo y el tedio, seguramente nadie recordará la suya entre tantas otras, nadie se acordará de un escritor español hoy que las planas de la prensa literaria se abren tan generosamente a los exegetas de autores extranjeros.

Pocas veces, como en el caso de Aldecoa, la vida de un escritor fue tan consecuente con su obra. La muerte de Aldecoa -desatenta e inesperada- significaba la ruptura de un “proyecto” además de la desaparición de uno de los narradores más honestos del país. Aldecoa, tan vitalista, tan lleno de vida, tan ejemplar en su modo de asumir la difícil aventura de “ser” escritor en España, había declarado en 1954: “La literatura es una actitud ante la vida, no un medio de vivir”. Su memoria que con el tiempo cobra medida y peso, está claro que no ha menguado desde su muerte, tal como algunos pensaban, tal como otros temíamos. De su obra nadie podrá decir, por tanto, que se halla en trance de ser recuperada porque, nunca perdida, presente cada día, ni los nuevos estilos, ni los nuevos modelos, ni la nueva literatura de consumo le afectaron demasiado en vida, ni mucho menos hoy, al cabo de los años.

Aldecoa es el mejor cuentista que la literatura española ha producido en el pasado siglo. Escribió muchos cuentos, y de los buenos. En los ocho libros que publicó, levantó Aldecoa un mundo riquísimo de observación de la vida española de su tiempo, de solidaridad con los perdedores, con quienes padecen la historia y de desprecio por quienes la ejecutan. En una entrevista Aldecoa señaló que la preocupación por lo social “es la base fundamental de mis obras, pero pretendo también que tengan calidad literaria, hálito poético y expresivo adobo”. Y añadía: “Supongo que soy un escritor social, porque tengo preocupaciones de carácter social, y aunque no las tuviera también lo sería, porque toda la literatura es social”. El proyecto de Aldecoa, quebrantado y roto por la muerte, se apoyaba básicamente en la realidad española; España como preocupación y experiencia vital informará toda su narrativa desde los primeros poemas y cuentos de universitario bohemio y rebelde en Salamanca, hasta su última novela, Parte de una historia, publicada en 1967. Aldecoa no trata de dar ningún mensaje (y en ello se separa su obra de la de sus amigos de la generación del realismo crítico), aunque el esfuerzo, sufrimiento e incluso miseria de sus protagonistas constituyan un reflejo de un estado social.

Ignacio Aldecoa nace en Vitoria el 24 de julio de 1925 y murió en Madrid el 15 de noviembre de 1969. Estudia Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid. Siendo vasco de tierra adentro, admiraba de los vascos la vocación marinera. Le hubiera gustado ser viajero incansable con la literatura al hombro, silencioso navegante solitario. “Era febril -nos contaba Carlos Edmundo de Ory-, sediento de vida y voluntarioso. Recuerdo, sobre todo su estampa vertical, su garbo... Era alegre, simpático, no dejando ver tristezas”.

Años antes de 1950, Ignacio había publicado algunos cuentos en revistas universitarias; después, un cuento de Aldecoa, era una insoslayable realidad literaria de primer orden, que, además de contribuir poderosamente a la revalorización del género, le instalaba en una zona de difícil acceso a la improvisación y al efectismo. Porque sus cuentos eran, como entonces empezaba a pedirse, “literatura social” y neorrealismo, por la difícil senda de hacer radicalmente protagonista a criaturas antes adjetivas en la narración: al hombre mismo. La honradez vasca de Aldecoa se ponía de manifiesto tanto en la autenticidad del testimonio, de la verdad contemplada, como en el estilo, a la realidad que se propone desvelar.

Aunque publica dos libros de poesía, Todavía la vida, en 1947, y Libro de las algas, en 1949, su primera novela, El fulgor y la sangre, no aparece hasta 1954 y es ya una obra madura, controlada, sobria, precisa, que se apoya en varios años de dedicación severa a la escritura (poesía, narraciones cortas). Se ha hablado del “clasicismo” de Aldecoa. Se debe ello tal vez a que en Aldecoa domina la objetividad, una sabia distancia entre el narrador y lo narrado y lo que se ha llamado “perfección formal”, así como, temáticamente, su atención a vidas y hechos que, por lo general, habían quedado fuera del campo de mira de la novela de posguerra. “Lo que me mueve, sobre todo -decía Aldecoa-, es el convencimiento de que hay una realidad española... que está casi inédita en nuestra novela”.

Se inscribe así Aldecoa en una vieja tendencia de la novela moderna que intenta ocuparse de lo que Unamuno llamaba “intrahistoria”, cuyos antecedentes más cercanos bien podrían ser algunas narraciones del mismo Unamuno o del Baroja, de, por ejemplo, Vidas sombrías. Así, en El fulgor y la sangre las angustiadas meditaciones de las mujeres de los guardias civiles aparecen, paradójicamente, como parte de un cotidiano vivir al margen de la sociedad, del mismo modo que el duro y peligroso trabajo de la pesca en altura -esencial en la sociedad, pero llevado a cabo por hombres de cuya existencia sólo en el puerto de origen se tiene conciencia- aparece narrado en Gran Sol (1957), desde la perspectiva de la cotidianidad, de la monotonía del trabajo y del peligro. En este sentido parece aceptable establecer una relación entre Aldecoa y Sánchez Ferlosio en cuanto iniciadores de un nuevo “objetivismo”. Parte de una historia, es una ensimismada crónica de la nada, narración del mar sin mar y abrumador viaje al vacío. En esta novela su estilo alcanza la apoteosis.

Aldecoa no pudo sacar adelante aquella novela Los pozos, con la que se cerraba su trilogía de la España inmóvil, aquella que se iniciara con la Guardia Civil, El fulgor y la sangre, y que continuaba con los gitanos de Con el viento solano, que después llevaría al cine su amigo Mario Camus.

La generación de Ignacio Aldecoa es la generación del medio siglo, esa que se está haciendo ese año de 1952, cuando José Manuel Caballero Bonald, un joven poeta jerezano, conoce por Carlos Edmundo de Ory, a Aldecoa, “y lo conocí en esos ejercicios itinerantes de tasca en tasca a los que Ignacio era tan aficionado”. “Fuimos una generación -insiste Caballero Bonald- de mucho vivir y de mucho beber”.

“El era un vitalista tremendo -contaba Josefina Aldecoa, su mujer-, pero a la vez se destruía conscientemente. El sabía que no podía beber ni fumar, y lo hacía, a pesar de esa úlcera sangrante”. Aldecoa vivió, eso sí, dedicado a la literatura todas las horas de su existencia, cuando vivía, cuando bebía y cuando reía. Teniendo muy presente, además, aquella frase de Ortega: “La vida, como la moneda, hay que saber gastarla a tiempo y con gracia”.

Francisco Arias Solis
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Si quieres la paz, trabaja por la justicia.

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13/11/2007 GMT 1

SER SOLIDARIO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

aarias @ 23:55

SER SOLIDARIO

“Donde veas
que el látigo o la espada se levantan,
que la prisión redobla sus cerrojos,
que los fusiles amenazan muerte,
acércate y, a pecho descubierto,
lanza un tremendo NO que salve al mundo.”
Ángela Figueras Aymerich.

LA SOLIDARIDAD DESGRACIADAMENTE NO ES EL VALOR
QUE CARACTERIZA A NUESTRA SOCIEDAD

La solidaridad y la seguridad es un binomio interrelacionado, sin embargo, vivimos y fomentamos una contradicción permanente en unos momentos en los que la solidaridad y la seguridad deberían componer nuestro mejor estandarte. Nuestros niveles de egoísmo no tienen posiblemente precedentes. Política, cultural y socialmente se nos está inclinando hacia un espacio interesado, ausente de toda cultura de solidaridad y seguridad.

Vivimos una cultura basada en un consumo desaforado, un pasotismo vulgar, un culto a lo superficial, una carrera por el enriquecimiento fácil, un egoísmo desmesurado y otros desgraciados etcéteras. Una cultura cuya forma es la competencia y donde “el que no corre vuela” y “el que venga detrás que arree”.

Es posible pensar que en el inicio de esta cultura, tal vez, pudo haber buenas intenciones. Con ella se podía aumentar la base del bienestar social y la de seguridad de los ciudadanos. Pero, de la teoría a la práctica suele decirse que hay un gran abismo. Y en este caso, el resultado ha sido otro muy diferente tanto a nivel nacional como universal, y la solidaridad y la seguridad se han sentido y se sienten cada vez más amenazadas y peor amparadas.

La solidaridad desgraciadamente no es el valor que caracteriza a nuestra sociedad. Y sino, contestemos con sinceridad a ciertas cuestiones. ¿No es cierto que el deterioro del medio ambiente lo hemos hecho y lo hacemos conscientes de lo que hacemos? ¿No es verdad que la pérdida de los valores sociales se ha provocado por la ruptura de los esquemas básicos del comportamiento humano? ¿No es también verdad que las desigualdades económicas culturales y sociales entre lo países y ciudadanos del Norte y del Sur es una permanente disfunción de la interrelación existente entre los problemas y las soluciones tratadas desde la base de la solidaridad?

En definitiva, las carencias de solidaridad y de seguridad giran alrededor de un mismo problema: la confrontación permanente entre los ciudadanos.

La falta de solidaridad es un problema que nos concierne a todos, que exige lucidez y racionalidad activa, exige actitudes inteligentes, exige hacer más y no sólo decir. Eso de ser solidario implica un sentimiento, una obligación construida “in solidum”, en definitiva, un sentimiento de fuerza no egoísta para sobrevivir. Y como dijo el poeta: “No es verdad que el momento no tenga una salida / es mentira que el hombre camina hacia la muerte / y que ya no es posible darse al mar de otra vida. / Existe un horizonte que cambia nuestra suerte / un espacio infinito que nos abre sus puertas / y un eterno futuro de esperanzas abiertas”.

Francisco Arias Solis
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Apostemos con el corazón en la mano por la paz.

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NIETZSCHE POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

aarias @ 06:46

FRIEDRICH NIETZSCHE
(1844-1900)

“¡Y cómo soportaría yo ser hombre
si el hombre no fuese también poeta
y adivinador de enigmas y el redentor del azar!”
Friedrich Nietzsche.

LA VOZ DEL FILOSOFO LIRICO

Todo el fariseísmo y filisteísmo de los moralistas profesionales y de sus correspondientes creyentes o clientes cristianos, católicos o protestantes, ha solido acogerse para rechazar el testimonio de Nietzsche, el más oscuro poeta y tal vez más claro profeta de nuestro abismático tiempo, a la feliz y fácil ocasión del episodio final de su locura. Locura extrañísima, casi médicamente inclasificable. Sobre esta locura, como es sabido, hay diversas hipótesis; pero a ninguna de ellas le será fácil demostrar que su aparición, aun desde 1880 y hasta el 1889, pueden justificar en nada la desvalorización del pensamiento humano más limpio, más puro y, sobre todo, más sano, tal vez, de todo el siglo XIX. El pensamiento de un poeta, cuya salud espiritual es tan fuerte, tan viva, tan clarividente y poderosa de palabras ha quedado evidenciada en tantos libros magistrales desde El origen de la tragedia griega en el espíritu de la música hasta los linderos vacilantes de La voluntad de poder; entre los que recordamos El crepúsculo de los ídolos, Humano, demasiado humano, La gaya ciencia, Así hablaba Zaratustra, Consideraciones intempestivas, Los cantos del príncipe, Ditirambos de Dionisio, Más allá del bien y del mal, La genealogía de la moral, El caso Wagner, Aurora: pensamiento sobre los prejuicios morales y El Anticristo.

Nietzsche era un loco que se creía Nietzsche, exactamente lo mismo que Víctor Hugo, según el dicho de Cocteau; o que cualquier otro hombre genial, llámese Byron, Goethe o Napoleón. Es decir, que sabía, que conocía el poder de su entendimiento. Y en el caso de Nietzsche, como en el de Wagner, su maestro, también el de su orgullo. Nietzsche se hizo loco -no se hizo el loco-; dijo con ambigua intención ingeniosa y frívola André Gide. El orgullo de Nietzsche anterior a 1889 no tiene relación ninguna con su megalomanía manifiesta a partir de su enfermedad, cuando en su locura, ya no sabe, o no puede, escribir siquiera.

La obra de Nietzsche, de gran genialidad, ha tenido gran influencia en el campo del pensamiento, la religión y la estética, así como en los movimientos irracionalistas, existencialistas y en un sinnúmero de corrientes artísticas y literarias.

Friedrich Wilhelm Nietzsche nace en Röcken, en la región de Turingia, el 15 de octubre de 1844, en el seno de una familia de clérigos protestantes. Su padre le dejó huérfano a los cinco años, al cuidado de dos piadosas mujeres: su madre y su hermana. A los catorce años ingresa con una beca en el mejor centro escolar de Alemania: la escuela Pforta. Cuando en 1864 se matricula en la Universidad de Boon es ya un filólogo consumado. En 1865 prosigue sus estudios en la Universidad de Basilea. En mayo de 1869 Nietzsche es nombrado profesor de la Universidad de Basilea. En 1878 terminan sus relaciones con el matrimonio Wagner. En mayo de 1882 conoce en Roma a la joven Lou von Salomé, que al parecer llegó a hacerle pensar seriamente en el matrimonio. Los dos últimos años de vida lúcida, 1887 y 1888, son años de una actividad frenética. En 1889 es ingresado en el manicomio de Basilea, el diagnóstico es “parálisis progresiva”. Su madre lo lleva consigo a Jena a la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Binswanger. En 1890 Nietzsche vuelve a Naumburg con la madre, y a la muerte de ésta, el 20 de abril de 1997, la hermana se hace cargo del cuidado del filósofo alemán y lo lleva a Weimar, ciudad en la que Friedrich Nietzsche falleció el 25 de agosto de 1900.

Ahora, después del centenario de su muerte, habrá oportunidad de deshacer malentendidos muy arraigados y recuperar la figura de un filósofo que, por otro lado siempre ha contado con mucho público entre quienes apenas leen filosofía. Heidegger que se dedicó infatigablemente a la lectura de Nietzsche coloca su nombre a la misma altura que el de aquel que ha constituido una de sus guías esenciales, Aristóteles: “Nietzsche sabía que es filosofía. Este es un saber raro que sólo los grandes pensadores poseen”.

“Nietzsche -decía Thomas Mann- es el moralista más sensible que ha existido: un ser poseído por la exigencia moral, un hermano de Pascal”. Y como Pascal -diremos nosotros-, un hombre para quien la moral es un problema. Y un problema trágico; un problema sin solución. Haber vivido ese problema hasta su fin, haber perdido la razón por esa pelea moral -por esa pelea consigo mismo-, es lo que enseña Nietzsche en sus propios testimonios escritos.

Según nos cuenta Nietzsche, existen tres determinantes infantiles, adolescentes, que decidieron su destino espiritual: su orfandad paterna, Pascal y Byron. En la batalla interior consigo mismo -en su posible esquizofrenia, dicen los psicópatas-, Nietzsche nos cuenta Landsberg tiene dos componentes extremos: uno, el componente infantil -ternura, ensueño, amor, piedad-; otro, el de la voluntad de poder; la enfermedad desarrolló en él este último solamente.

Nietzsche nos ha dejado escritas las páginas más clarividentes sobre la embriaguez poética y musical que, después de Platón, tal vez, puedan leerse. Lo que nos dice Nietzsche, al explicarnos su éxtasis no es muy distinta cosa, de lo que nos han dicho los místicos de su propia personal experiencia poética. En la obra entera (¡y tan verdadera!) de Nietzsche, los términos verdad y vida, pasión y razón alcanzan la plenitud del sentido poético. Por eso a Nietzsche, recordémoslo bien, se le puede llamar con razón, el filósofo lírico. En él, como diría, nuestro Unamuno, la antigua enseñanza del griego se repite, en cuanto la verdad puede más que la razón y la vida más que la pasión. Hace tiempo también se ha escrito que para ganar la verdad hay que perder la razón. Y es que, como dijo, el poeta y filósofo alemán: “En otro tiempo todo el mundo desvariaba”.

Francisco Arias Solis
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Por esa libertad bella como la vida.

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10/11/2007 GMT 1

EL CEREBRO EN FORMA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

aarias @ 10:06

EL CEREBRO EN FORMA

“Sentía los cuatros vientos
en la encrucijada
de su pensamiento.”
Antonio Machado.

¡BIENAVENTURADOS LOS QUE PIENSAN PORQUE DE ELLOS ES
LA GLORIA DEL PENSAMIENTO!

Las lagunas o “agujeros negros” que sobre todo, a partir de los 30 años, nos hacen de pronto un nudo en la garganta, se producen porque hemos dejado el cerebro en barbecho. Como cualquier músculo que no se utiliza el cerebro de muchas personas que adolecen de rutina intelectual, acaba atrofiado, dormido. El proceso suele ser típico y se produce a menudo por simple desmotivación. Los que algunos denominan “falta de moral”. En los momentos de estrés, depresión, ansiedad, tristeza, nos aislamos de todo y dejamos de utilizar grandes zonas del cerebro que, progresivamente, se van durmiendo, a veces hasta entrar en una especie de letargo crónico.

Es un problema de dejadez. El cerebro es efectivamente un músculo, y como todos los músculos hay que ejercitarlos. Sabedora de nuestra desidia, la naturaleza dotó al más personal de los ordenadores de unas capacidades enormes: ¡nada menos que 14.000 millones de neuronas! Y si bien perdemos la escalofriante cifra de 100.000 neuronas al día, esa pérdida supone algo más de 1.800 millones de neuronas entre los 30 y los 80 años, es decir, sólo el 13% del total.

Todos los individuos poseemos lo que se denomina una población de neuronas base, que es la que te utilizamos simplemente en nuestra vida cotidiana. Hay otra segunda población que se va conformando poco a poco, según el oficio o la actividad que se realiza. Finalmente, hay una tercera “población neuronal” que varía de acuerdo con las actividades que practicamos en nuestros momentos de ocios.

Esta triada de neuronas está prácticamente moldeada desde los 25 a 30 años. El problema surge justo a partir de este momento; cuando creemos que ya disponemos del bagaje mental suficiente para desenvolvernos en la vida y nos instalamos cómodamente en lo que se conoce como la “respuesta del autómata”. A problemas similares damos la respuesta ya vivida y aprendida, sin molestarnos en pensar para dar otra solución distinta.

Y sencillamente lo que ocurre con el tiempo es que el cerebro se “endurece”, le falta entrenamiento y flexibilidad. ¿El remedio? Una gimnasia adecuada que devuelva a ese músculo vital el tono y la capacidad de respuesta de los mejores días.

Un individuo que reniega de utilizar el cerebro, no pierde inteligencia, la atrofia. Lo que pierde es la animación de su espíritu: su conciencia.

“El hombre no es un animal racional”, afirma Merleau-Ponty. Exacto. Porque no puede ser animal por más que quiera. Esta frase es ingeniosa y veraz y nos encanta, no en vano, procede de una cabeza encantada del pensamiento. Las palabras que mentirosamente nos desencantan son las de las cabezas vacías o atrofiadas.

“Si al hombre se le quita su vanidad, ¿qué le queda?”, preguntaba Goethe a su propia cabeza encantada. Le queda el amor a lo pasajero. Y para quien el amor no es nada la vanidad lo es todo. “¿Qué vanidad tu pensamiento mueve?”, pregunta Lope, una de las cabezas más encantada de nuestra literatura.

La vanidad, ¿es un llenarse de vacío? Pues lo más profundo del hombre, ¿no es su vanidad? El hombre, mientras más profundo, más vacío; más vano. La muerte es lo más intelectual, exclusivamente racional, de todo. Por ello, debe evitarse llegar a ciertos extremos. Porque parece inevitable que llegando a ciertos extremos, para tener razón hay que perderla. Ya nos advirtió el poeta: “La verdad del corazón / es una verdad que tiene / miedo de tener razón”.

De ahí que no se debe tener más razón que la suficiente para no perder la razón del pensamiento y para que este no se duerma, pues como dijo el poeta: “Si queda dormido el pensamiento / el alma que lo sueña le parece / que está muerto de sueño”. ¡Bienaventurados los que siempre tienen despierto su cerebro! ¡Bienaventurados los que piensan porque de ellos será la gloria del pensamiento!

Francisco Arias Solis
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Ningún hombre considera que su situación es libre si no es al mismo tiempo justa, ni justa si no es libre”.

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