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FRANCISCO ARIAS SOLIS

01/11/2007 GMT 1

FORO LIBRE: HOMENAJE A VICTORIA OCAMPO

aarias @ 09:10

FORO LIBRE
ASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA

Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 - CADIZ
e-mail: pazylibertad@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

“América no cree ya en los cuentos de hada,
pero lleva en sí la eterna necesidad que los hizo nacer.
Como necesita creer en ellos acabará por inventarlos de nuevo.
Y ése será su milagro.
Victoria Ocampo.

HOMENAJE DE FORO LIBRE A VICTORIA OCAMPO

El próximo lunes, día 5, a las 20.00 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21 - Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra de la escritora argentina Victoria Ocampo (1890-1979), con motivo del 28º aniversario de su muerte.

Cosmopolita y viajera, la escritora argentina Victoria Ocampo, es una de las figuras que más ha contribuido al desarrollo cultural de su país. Fue fundadora de la revista Sur, nombre sugerido por Ortega y Gasset, y de la editorial del mismo nombre, responsables ambas durante varias décadas de difundir en el ámbito nacional la obra de autores argentinos y extranjeros.

En 1937, fue vicepresidenta del Congreso Internacional de los PEN Clubs. En 1953, delatada como opositora al peronismo, fue encarcelada. En 1965, se le concede el Premio Vaccaro por su labor a favor de la cultura argentina Dos años después se le nombra doctora honoris causa de la Universidad de Harvard. En 1968, Indira Gandhi le entrega a Victoria en Buenos Aires, el doctorado honoris causa de la Universidad de Visva Barathi. En 1976, fue designada miembro de número de la Academia Argentina de Letras, siendo la primera mujer que accede a la Academia.

Victoria Ocampo tenía treinta y cuatro años cuando se decidió a publicar su primer libro De Francesca a Beatrice (1924), que era un estudio sobre la Divina Comedia de Dante Alighieri. Sus reflexiones sobre la realidad social, política y cultural fueron recopiladas en diez volúmenes bajo el título de Testimonio, publicados entre 1939 y 1977. Publicó numerosos estudios sobre personalidades relevantes en el mundo de la cultura –las hermanas Charlotte y Emily Brontë, Virginia Woolf, Lawrence de Arabia, Johaan Sebastian Bach- y traducciones de Albert Camus, Graham Greene, Wiliam Faulkner, Dylan Thomas y Sidonie-Gabrielle Colette, entre otros. Fue autora de La laguna de los Nenúfares (1926), Supremacía del alma y de la sangre (1935), Domingos en Hyde Park (1936), San Isidro (1936), La bella y sus enamorados (1964), Diálogo con Mallea (1969) y Diálogo con Borges (1969); a título póstumo se publicó su Autobiografías en seis tomos (1979-1984). Y como dijo Jorge Luis Borges: “En un país y en una época que las mujeres eran genéricas, tuvo el valor de ser un individuo... Dedicó su fortuna, que era considerable, a la educación de su país y de su continente... Personalmente le debo mucho a Victoria pero le debo mucho más como argentino”.

No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.

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Gracias.

31/10/2007 GMT 1

LA SOLEDAD DEL CEMENTERIO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

aarias @ 19:53

LA SOLEDAD DEL CEMENTERIO

“-¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!”
Gustavo Adolfo Bécquer.

EL CULTO POPULAR A LOS DIFUNTOS

En este año de 2007 en el que nadie parece acordarse de lo que había dicho ni parece interesar lo que se pueda decir, pudiera suceder que en este día de Difuntos la palabra soledad recobre su pleno sentido.

Cervantes, Góngora, Lope, Zorrilla, Ferrán, Bécquer, Machado... expresaron el sentimiento de la “soledad” de manera propia y característica.

Este año, a punto del bicentenario de la Constitución de Cádiz, del que no se deja de hablar sin que se haga nada por la “cuna de la libertad”, nos ha traído una oleada de recuerdos. Lope nos dice en un romancillo: “¡Pobre barquilla mía / entre peñascos rota, / sin velas, desvelada / y entre las olas sola!” Una soledad, tan múltiplemente acompañada, supone el serlo precisamente por esa compañía: la de las olas que no pueden dejar de pluralizar su soledad, sus soledades sin dejar de serlo. Y si notamos que este verso tan romántico como barroco, viene precedido de aquel otro, ambiguo, equívoco también de “sin velas, desvelada”, todavía se enciende más y más a nuestros ojos la imagen misma, que precedida de este verso, se resalta. Y máxime, en esta ciudad trimilenaria que es como una blanca vela siempre al viento desplegada. La “pobre barquilla” (como el alma del poeta) rota, desbaratada, entre los riscos y peñascos en que se estrella, al pelear, sola y desmantelada, desvelada, entre las olas que la sostienen, para acabarla. Y aún doblemente desvelada: sin velas y como desnudamente vigilante; condenada a esa tremenda vigilia sin sueño de su solitaria agonía... “Dejadla morir en paz -podría decirle, siglos después, otro poeta, este enteramente romántico-: dejadla morir en paz, a solas con su agonía”.

¿Qué soledad es ésta? ¿De quién son estos versos que en este año desesperanzado de 2007, nos suenan y resuenan en el corazón al evocar, desde un cementerio condenado a muerte, como es el de la ciudad de Cádiz, la equívoca imagen romántica-barroca de la soledad?

Estamos en el mes de noviembre, en el mes de los muertos. En el mes de noviembre se celebra en España el culto popular a los difuntos con el drama fantástico de Zorrilla, Don Juan Tenorio. Al que calificó Azorín, de “el drama más excelso de todo el teatro español”. Con esos versos, estamos al final del drama maravilloso de Zorrilla, cuando Don Juan, el burlador y burlado Don Juan, grita a sus espectros y fantasmas mortales: “Dejadme morir en paz / a solas con mi agonía”.

¡Morir en paz y en agonía!... ¡Paradoja al canto! Sí, claro, porque éste es otro canto, siendo el mismo y el mismo cuento: el de la soledad. Este es ya otro cantar. Cantar andaluz y romántico de soledad. De humana y divina soledad.

En el cementerio a la luz de la luna, exclama Don Juan: “¡Y... siento que el corazón / me halaga esta soledad!”. Hay un canto a la soledad en esa sublime escena nocturna. Por eso la evocamos ahora. Esa soledad que halaga al corazón de Don Juan, ¿qué soledad es ésa?... ¿Una soledad andaluza como la que canta el pueblo en lo más íntimo de su ser?... ¿Qué soledad?...

Recordamos los admirables versos de nuestro olvidado poeta Augusto Ferrán: “Pasé por un bosque y dije: / “aquí está la soledad...”, / y el eco me respondió / con voz muy ronca: “aquí está”. / Y me respondió “aquí está” / y sentí como un temblor, / al ver que la voz salía / de mi propio corazón”.

Este cantar de soledad andaluz tiene acentos de íntima lejanía. Todo lo mejor de la poesía romántica se apura y depura en estos versos.

En el día de Difuntos de este 2007 que agoniza, aquí en este cementerio de largos y profundos silencios donde se cerraron las puertas de ese soñar que es el vivir. En esta soledad de soledades, me llega un eco de palabras mudas: “¡Ay de mí! Por más que busco / la soledad, no la encuentro; / mientras yo la voy buscando, / mi sombra me va siguiendo”.

Francisco Arias Solis
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Paz y libertad.

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30/10/2007 GMT 1

SALVADOR ESPRIU POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

aarias @ 23:51

SALVADOR ESPRIU
(1913-1985)

“A mi recuerdo llega
olor de mar velada
de estíos claros. Dura
en mis dedos la rosa
que cogí. Y en los labios,
viento, fuego, palabras
que se han vuelto ceniza.”
Salvador Espriu.

LA VOZ SERENA DE LA POESIA

Desde la contención del Cementerio de Sinera, a la libertad exultante de Final del laberinto o el humanismo de Semana Santa, el poema de Espriu ha sido, en todos los momentos, un meditar. El mismo Salvador Espriu nos ha dicho que la meditación de la muerte es el tema de su poesía.

En pocos poetas se halla tan excelente adecuación entre concepto poético y realización literaria... Lejana de artificio..., dice el poeta, en algún pasaje. Espriu, gran poeta, rehusa todo lo que no sea una sinceridad a ultranza. La poesía de Espriu es de gran valentía intelectual y de espíritu. Espriu es esencialmente poeta. Sin embargo, para una mejor inteligencia de su poesía es conveniente el conocimiento de su obra en prosa, narraciones y teatro.

Vitalismo de la muerte. La poesía de Espriu alcanza una serenidad sólo posible con la plena aceptación de la muerte. De no ser así, de no haber ese tremendo ejercicio de la serenidad, su obra poética, podría haber sido la poesía de la desesperanza.

Salvador Espriu Castelló nace en Santa Coloma de Farnés, cerca de Gerona, el 10 de julio de 1913, donde su padre ejercía de notario, pero desde su niñez, en que su familia se traslada a Barcelona, reside en esta ciudad habitualmente, alternando esta permanencia con la estancia durante largas temporadas en Arenys de Mar. En 1923 enferma gravemente, lo que le obliga a guardar una convalecencia de dos años. En 1929 publica su primer libro en castellano: Israel. En 1930 ingresa en la Universidad de Barcelona, donde cursa estudios de Derecho e Historia Antigua. En 1931 publica su primer libro en catalán: Dr. Rip. Su primer volumen de poemas no aparece hasta 1946, bajo el título de Cementerio de Sinera. Salvador Espriu muere en Barcelona el 22 de febrero de 1985.

Salvador Espriu está considerado como una de las voces más importantes y significativas de la literatura catalana contemporánea y ningún otro poeta catalán contemporáneo ha recibido tanta influencia de la poesía castellana como Espriu. La poesía de Jorge Guillén, principalmente, está presente en Espriu en muchos aspectos: la creación de un mundo poético cerrado, regido por sus propios símbolos y claves, la sobriedad de los recursos retóricos, el rigor intelectual presente en la utilización de cada palabra, la sonoridad áspera y chirriante, y el concebir la obra como un ente utilitario que va desarrollándose y creciendo, perfilando con el paso de los años. Naturalmente, a partir de estas constantes comunes, la personalidad de Espriu es lo bastante original como para merecer la estimación que en los últimos años se le ha concedido tras largo tiempo de laborar cercado casi por el silencio. Quizá sea Espriu el poeta en que más tangiblemente se manifiesta la violenta ruptura que supone la guerra civil y la nostalgia por el “ideal” perdido en la misma. De un modo u otro, en toda la obra de Espriu se expresa este desgarro. Su constante y hasta obsesiva meditación sobre la muerte no es sino consecuencia de la “muerte espiritual” que la tragedia de la guerra provoca.

Otro aspecto que cabe señalar en Espriu, al que no se ha dedicado la suficiente atención, es el de su vena esperpéntica. Habría que señalar aquí el magisterio de Valle-Inclán (al que Espriu confiesa admiración y agradecimiento): en ambos autores el resultado tiene un sabor agrio, desazonante, que actúa como revulsivo de cualquier conciencia adormecida.

Como en otros escritores de la llamada generación del 36, la tragedia de la guerra incivil ha quedado reflejada en su obra Cementerio de Sinera. ¿En que geografía se halla Sinera? Sinera es la patria espiritual y escenario lírico y físico de la obra espriuana. Este nombre resulta de la lectura inversa del topónimo Arenys, que en catalán significa “arenales”. Arenys de Mar es un pueblo de la costa situado al nordeste de Barcelona y a pocos kilómetros de la capital. Allí vivieron los antepasados del poeta.

Mrs. Death es uno de los libros más complejos de la producción espriuana. El poeta sabe que al silencio sólo se podrá llegar después de la palabra. La palabra es camino de silencios. La palabra poética es lo más aproximado al silencio.

También destacan entre los títulos de su obra poética: La canción de Ariadna; Libro de Sinera, La piel de toro y El caminante y el muro. En teatros de cámara y ensayo se han representado: Primera historia de Ester, Antígona y Ronda de muerte a Sinera.

En La piel de toro, hay una preocupación “por las cosas que pasan” en una comunidad -Sepharad-. Pero, gracias a la universalidad del poema, Sepharad es ... Sepharad y también la comunidad de los hombres todos, de ayer, hoy y de mañana.

En busca de la verdad, Espriu se pregunta o nos pregunta: “¿Qué es la verdad? / Quizá tú , tal vez tú o bien tú. / Quizá nadie”.

Francisco Arias Solis
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Apostemos con el corazón en la mano por la paz.

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PABLO PIFERRER POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

aarias @ 19:31

PABLO PIFERRER
(1818-1848)

“Ya vuelve la primavera:
Suene la gaita, - ruede la danza.
Tiende sobre la pradera
el verde manto - de su esperanza.”
Pablo Piferrer.

LA VOZ MAS PROMETEDORA DEL ROMANTICISMO

Es lógico que los románticos sintieran, al menos en el origen de su movimiento, la opresión social en el plano ético y político. Su rebeldía no fue banal ni estaba injustificada. Esta combatividad, mantenida por lo menos hasta alcanzar las posiciones que la libertad individual reclamaba, es resultante de una convicción honda en los impulsos espirituales, en la energía interna. El romántico es quien no contiene, sino quien desborda, a beneficio de su propio rescate, la emotividad. Que, desde luego, puede ser de distintas direcciones y signos. Pero que tiene también de común con los otros románticos el servir de terapéutica privada y de móvil artístico que posibilita la catarsis pública.

La fuerza, mucho más que la pasividad melancólica, es el verdadero mundo connatural a su rebeldía. Si bien el fracaso o la misma crueldad de la lucha dan lugar a frecuentes lamentaciones que suelen ser, más que simples ayes de dolor, espacios de descanso donde se retoman los ánimos de combate.

Pablo Piferrer y Fabregas nace en Barcelona el 11 de diciembre de 1818. Su padre trabajó en la industria de la confección y fue maestro de la seda, oficio que también ejercía, durante su adolescencia, el poeta Piferrer.

Tuvo Pablo Piferrer una vida dura, pues quedó huérfano de padre en su infancia y hubo de compaginar estudios y trabajo para sustentar a su madre. En 1831 aparece ya como alumno de la Real Junta de Comercio de Cataluña. Ingresó después en la carrera de Leyes. Fue Piferrer magnífico estudiante, logrando en todos sus cursos la calificación de sobresaliente, pese a las dificultades económica que acosaban a su familia.

Sus preocupaciones sociales, unidas a la grave situación política del país, conforman su primera actitud como la de un devoto de la tendencia revolucionaria. En 1836, recién cumplidos los dieciocho años, Piferrer se alista, como voluntario para luchar contra los carlistas

La campaña militar, pese a los éxitos de Espartero no despierta su entusiasmo. Y menos cuando las luchas intestinas entre los moderados y los progresistas obligan a cambios constantes en el Gabinete de Gobierno (Mendizábal, Istúriz, Calatrava, etc.) que afectan a la guerra. En 1837 publica sus primeros trabajos en El Vapor -El castillo de Monsoliu- y en la Biblioteca Romántica-Moderna -el Cuento Fantástico-. Es también el año en que compone su poema “A una hermosa”.

A su regreso Piferrer colabora en El Guardia Nacional como crítico de conciertos y representaciones teatrales. Fue magnífico crítico musical y literario y el efecto de sus artículos, junto a su inquietud creadora, motivaron que se le confiara la redacción del primer volumen de Recuerdos y bellezas de España. En 1840 entra de bibliotecario en la Biblioteca de San Juan. Su posición política es ahora mucho más conservadora. Publica su Episodio de la Historia de los Judíos en la antigua Corona de Aragón, trabajo histórico centrado en el siglo XIV.

En 1842, Piferrer acusa los síntomas de la tuberculosis que le llevaría al sepulcro. Se repone y marcha a la montaña, conciliando sus necesidades de salud y trabajo, pero ha de interrumpir el segundo tomo de Recuerdos y bellezas de España, por las alteraciones políticas y su necesidad de estar en el periódico. Escribe ya en El Diario de Barcelona. Colaboró también durante su breve duración en el periódico La Corona.

En 1844, Piferrer es elegido miembro de la Real Academia de Buenas Letras. Publica en La Verdad -el poema a Las Navas de Tolosa- y en La Fe -el poema Canción de la primavera-; sale también el segundo tomo de Recuerdos dedicado a Cataluña.

La salud de Piferrer va empeorando. Oposita, con éxito, a la Cátedra de Retórica de la Universidad de Barcelona. Obtiene el nombramiento en 1848, pero el esfuerzo ha quebrantado mucho su salud. Tiene la obsesión de dedicarse a su “mundo poético”, pero apenas formulado este deseo su enfermedad se agrava y muere el 25 de julio de 1848, a los treinta años de edad.

Piferrer, poeta de obra muy escasa, ha sido considerado como uno de los poetas más prometedores del Romanticismo. Menéndez Pelayo lo estimó en mucho y antologó su “Canción de la primavera” entre las cien mejores poesías de la lengua castellana. “La inocencia de la vida / (Calle la gaita, - pare la danza) / No torna una vez perdida. / Perdí la mía - ¡Ay de mi esperanza!”

Francisco Arias Solis
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Cuando hay libertad, todo lo demás sobra.

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SABER MORIR POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

aarias @ 06:57

SABER MORIR

“Ven muerte tan escondida
que no te sienta venir,
porque el placer de morir
no me vuelva a dar la vida.”
Lope de Vega.

LA PRESENCIA VIVA DE LA MUERTE

Se dice que el cáncer es la enfermedad de nuestro tiempo. No sabemos bien si porque se produce con mayor intensidad o frecuencia que en épocas pasadas, o en razón a que el repliegue de las demás plagas va haciendo, comparativamente, más ostensible esta perturbación biológica. Hay, incluso, quienes piensan que el cáncer no es sino la desordenada aceleración de la muerte con que nacemos.

Pero no es el cáncer el tema que nos ocupa, aunque sea el que motiva esta línea. Hablar de la enfermedad como tal corresponde a los biólogos, únicos que podrán en su día hallar el cuadro de soluciones eficaces al mal. Me importa el hombre y la manera y modo en que haya de efectuar mejor el tránsito, que es tanto como decir de forma más tranquila, consciente y edificante. Y mucho me temo que no se está procediendo, en general, como se debiera.

Hay seres humanos que siguen temiendo la muerte hasta extremos que denotan un claro fenómeno de malformación intelectual. Sería conveniente recordarles la máxima de Epicteto: “Temes nombrar la muerte, cual si sólo su nombre fuera cosa de augurio funesto. Sin embargo, mal puede haber augurio funesto en lo que no hace sino expresar un acto de naturaleza”. Pero la triste consecuencia de la llamada “sociedad del bienestar”, que es una civilización hedonista, es la falta de formación integral humana, incluso en amplios sectores de las clases dirigentes universitarias. Desconociendo cómo sea en realidad el hombre, piensan algunos que es mejor que el enfermo irremediable ignore su enfermedad, a la que llaman desgracia, y muera entre las ansias de la vida física, que es la forma más cruel de morir.

Ignoran que es, al menos, tan importante saber morir como saber vivir.

Podrá alegarse que mi crítica pierde entidad fuera del marco de una concepción espiritualista de la existencia. Nada más lejos de la realidad; porque, aun participando de esta concepción, comprendo, sin embargo, el sentido materialista de la vida. Pero es que del materialismo al hedonismo hay tan diferente nivel como lo que va del hombre selecto equivocado a la ignorancia del imbécil.

No sólo sabe morir quien es consciente de que este paso no representa sino el dolor del alumbramiento hacia una situación mejor de la propia vida. También debe saber morir quien, por pensar que la vida se extingue con la muerte, comprende que ha de afrontar ese paso, -por hoy irremediable- con la elegancia desprendida del cínico, sin cerril empeño en conservar contra natura unas condiciones biológicas que se han desequilibrado de forma irreversible. Deseará, en todo caso, domeñar en lo posible el dolor y apurar los mejores goces: sabrá morir como Sócrates, entre sus discípulos; como Petronio entre sus amigos, o como Maximiliano de México, diciendo a sus verdugos sin descomponer su gesto: “apuntad al corazón” -que es tanto como decir: no me hagáis sufrir sin causa-.

Quien no sabe morir -o no le dejan- es aquel que ignora la proximidad del hecho, y dedica los tiempos y energías que le restan a luchar por una vida que ya no le pertenece, en lugar de prepararse para el tránsito esperanzador o apurar los últimos goces de su propia filosofía.

De ahí que me inquiete, y me duela, esa decisión tan extendida de ocultar al enfermo lo irremediable y próximo de su fin. Para que no sufra -dicen-, como si el único sufrimiento fuera el mero dolor físico de la materia biológica. Como si no lo fuera, mucho mayor, el tremendo grito de angustia del hombre sorprendido ante su proyección cósmica o estafado en el libre uso de sus últimas horas de vida terrena.

Por ello, si me correspondiera un día la gracia de poder morir despacio, rodeado de mis personas queridas, tengo el deseo y la esperanza de que no se me ocultará la proximidad del fin; porque el ser humano hace, a lo largo de su vida física, tantas cosas de las que desea arrepentirse, que no es mala suerte disponer de un tiempo para corregir la conciencia y preparar la consciencia, a fin de efectuar el tránsito con discreción y mesura en el gesto, tanto como con honradez y limpieza en el corazón. “Primero fue el conocimiento”, dijo Lao Tse. El ser humano que abdica del conocimiento, abandona gran parte de su propia esencia. Quien lo guarda, sabe, como Eurípides, que “lo que proviene de la tierra vuelve otra vez a la tierra, pero lo que tiene un origen celeste torna luego a la esfera de los cielos”. Y como dijo el poeta: “Si el alma duerme / no hagáis ningún ruido / que la despierte. / Para que el sueño / pueda darle a la muerte / silencio eterno”.

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Te matan y después
piden perdón al cadáver.

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29/10/2007 GMT 1

EL MIEDO A LA MUERTE POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

aarias @ 07:40

EL MIEDO A LA MUERTE

“Morir es perder la vida.
Y si la vida se pierde,
lo único que te queda
es el vacío de la muerte.”
José Bergamín.

LA ULTIMA Y DEFINITIVA DESPOSESION

Una causa natural del miedo a la muerte, pienso que puede ser atribuida a una elemental razón de fecundidad. Es una regla de la naturaleza humana que nada positivo se consigue sin dolor, desde la venida de un nuevo ser en el desgarro del parto (el parto sin dolor es una adquisición farmacológica que solamente sustituye el agudo de expulsión, pero respetando los meses anteriores de incomodidad, molestia y dolor de la madre), hasta la terminación feliz de no importa qué obra se consigue a través de un largo, tenso, doloroso, muchas veces cansado y esclavizante proceso de elaboración.

Juan Ramón Jiménez cuando llega a exclamar “no la toques ya más que así es la rosa”, da por supuesto un largo proceso de elaboración doloroso para llegar a esa perfección intocable. La llamada “belleza de página” que ciertos escritores en prosa consiguen, y no siempre, está llena de muchas horas de trabajo y de una larga y también dolorosa reelaboración para vestir a la idea de las mejores galas de la palabra, para someter a un idioma rebelde o esquivo a la servidumbre de lo que el narrador tiene conciencia que deber ser la simplicidad y armonía de una idea bien expresada. Nada es fecundo sin dolor, ningún arbusto, ninguna flor, ningún coloso se produce si la semilla no muere, ninguna tierra es fértil si no se la rotura, ningún agua es aprovechable si no se la contiene.

Otra causa del miedo a la muerte que obra de manera consciente en ocasiones, pero siempre de manera subconsciente es el que consuma la última y definitiva desposesión. El amor a la vida a poco que ésta haya sido pródiga en dones con las personas, es una de las constantes del egoísmo humano en su lado más positivo. El hombre se aferra a lo que posee con un obsesivo sentido de la propiedad, tanto si se trata de la paternidad de una obra como del disfrute de un patrimonio. El “mío” posesivo suele ser la primera palabra que aprende a pronunciar y una de las últimas que se queda impresa en su vocabulario.

Esta última desposesión absoluta que significa soltar la vida, tiene que ser por fuerza no solamente impregnada de dolor sino rodeada de un enorme temor, de una enorme contrariedad esencial que va a verse reflejada en el mundo de lo consciente si se le piensa, y que de todas formas obra en el mundo de los instintos como hosca defensa temerosa, ante la pérdida última, definitiva y sin compensaciones equiparables.

Por cualquiera de las veredas que queramos transitar para encontrar un sentido de la muerte, nos tropezamos siempre en algunos de los recodos del camino, con la vigencia del dolor y del miedo a la parca. Se disimule o no, se presuma o se niegue, la muerte siempre está rodeada de temor, de pánico, de dolor.

La muerte como hecho afrentoso, como un trago difícil de pasar, porque el dolor de la muerte es inseparable del propio vivir. Y por otra parte el miedo. Toda la literatura lírica de la muerte no impide que sintamos de una manera o de otra, espanto de la muerte. Y es que, como dijo el poeta: “No hay más que una sola suerte: / a todos nos da la vida / lo que nos quita la muerte”.

Francisco Arias Solis
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28/10/2007 GMT 1

LA ACTUALIDAD DE DON JUAN POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

aarias @ 18:48

LA ACTUALIDAD DE DON JUAN

“Mañana a los sevillanos
aterrará el creer que a manos
de mis víctimas caí.”
José Zorrilla. Don Juan Tenorio.

DON JUAN COMO MITO NO HA MUERTO

Es sabido que el día 1 de noviembre de todos los años se repone en los teatros de España el drama de Don Juan Tenorio. El mes de noviembre es el mes de los muertos; el día primero todas las familias españolas acuden al cementerio de su ciudad para visitar las tumbas de familiares y amigos: depositan allí sus flores y sus oraciones, en ofrenda ritual al tributo que los muertos merecen. Coincidiendo con esa fecha, la representación de Don Juan Tenorio, tiene pues, un carácter ejemplar para la España católica de todos los tiempos; realiza la función de una “meditatio mortis” popular, que recae sobre la vanidad de la gloria humana, lo efímero de los placeres carnales, lo inconsistente de la fama de don Juan, conquistador infatigable e irresistible de mujeres. No es, por tanto, anacrónico que nosotros retomemos el tema, este tema inagotable de don Juan y meditemos a nuestro modo sobre él en esta hora crítica de su existencia.

Hemos de recordar, aunque la cosa sea archisabida de todos, la enorme literatura que su figura ha hecho brotar. Don Juan es, entre los tres o cuatro personajes literarios más famosos del mundo, uno de los que más escritos ha inspirado, más discusiones ha levantado, más juicios contradictorios o ideas opuestas ha sugerido. Y todo ello no por pura casualidad, sino por íntima necesidad de su ser. Don Juan es, de todos los protagonistas literarios, el más confuso, el más complicado, el más lleno de sutiles recovecos o de matices paradójicos.

Un tema muy discutido es el de la actualidad o falta de actualidad de la figura de don Juan.

Creemos que en los momentos actuales el tipo biológico o psicológico de don Juan abunda con una gran frecuencia, pero desposeído de las circunstancias que le hacían un personaje interesante. En un mundo de rejas y conventos, donde la pureza de la mujer está guardada por el honor del hombre y la espada del marido, don Juan tiene cierta grandeza. Pero en un mundo donde las relaciones sexuales son fáciles y el encuentro entre hombres y mujeres se ve propiciado por el ambiente social, los instrumentos técnicos y la nueva moral de nuestra época, don Juan ha perdido todos sus timbres de gloria. Hoy en día la seducción de una mujer ha perdido sus caracteres misteriosos y aventureros. Ya no son necesarias las viejas artimañas de Ciutti y la Celestina: una llamada por teléfono y un automóvil a la puerta de nuestra dama son suficientes. “Si -como dice Marañón- el Comendador se hace el distraído cuando atropellan a su hija; si el marido hidalgo retrasa intencionadamente su retorno al hogar ante la sospecha de que a la cónyuge puede serle su presencia particularmente enojosa... ¿qué tiene que hacer entre nosotros don Juan?”. Efectivamente, su figura ha perdido grandeza y carácter. Se ha convertido simplemente en un frívolo que no quiere comprometerse con los lazos de una relación responsable y duradera.

Por el contrario, don Juan como mito no ha muerto y su expresión sigue conservando el valor simbólico de siempre. Es -como todos los mitos- la encarnación de un figura que ha resuelto todas las contradicciones de la existencia: es cínico y enamorado, pecador y arrepentido, libertino y caballeresco, impío y creyente. Su figura no ha muerto ni morirá porque es la expresión del eterno anhelo humano de resolver de golpe y en una sola vez las paradojas del amor.

Aquí está su fuerza y aquí está su grandeza y por eso sigue representándose todos los noviembres en los teatros de España. Su rostro está presente, su figura permanece. Y como dijo don Juan: “¡Cielos! ¿Qué es lo que escuché? / ¡Hasta los muertos así / dejan sus tumbas por mí!”.

Francisco Arias Solis
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Por esa libertad bella como la vida.

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MANUEL BRETON DE LOS HERREROS POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

aarias @ 06:49

MANUEL BRETON DE LOS HERREROS
(1796-1873).

“Dejóme el Sumo Poder,
por gracia particular,
lo que había menester:
dos ojos para llorar...
y uno sólo para ver.”
Manuel Bretón de los Herreros.

LA VOZ DE UN INGENIOSO COMEDIOGRAFO

En plena época romántica, un ingenioso comediógrafo representa una tendencia nacional del costumbrismo observador y satírico. El mundo de Bretón tiene parentesco con los artículos de Larra y con los análisis costumbristas de Mesonero Romanos y Estébanez Calderón.

Bretón pertenece, cronológicamente, al Romanticismo. (Aparecerá retratado en el famoso cuadro del pintor Esquivel, que, como es sabido, constituye una magnífica galería de los escritores más representativos de la época.) Y muchos de sus estrenos coinciden con los años de más intenso romanticismo. Sin embargo, dado su espíritu ecléctico y equilibrado, enemigo de extremismos, maestro en el logro de efectos cómicos, en los juegos caricaturescos o de burla, se hallaba lejos de los apasionamientos románticos. Bretón de los Herreros fue, sin duda, el autor más aplaudido en el período que media entre el teatro de Moratín y la alta comedia. Y, constante, aparece en la construcción y en la estructura de sus comedias, en el acierto para lograr los mejores efectos teatrales, ese sexto sentido indefinible, propio y característico del autor dramático “de raza”.

Manuel Bretón de los Herreros nace en Quel, pueblo riojano, el 19 de diciembre de 1796. En Madrid, estudia humanidades en Real Colegio de Padres Escolapios de San Antonio Abad, estudios que interrumpe en 1811 a consecuencia de la muerte de su padre. Durante la guerra de la Independencia se alista como soldado voluntario y combate contra los franceses cuando aún era niño. En 1822 ingresa en la carrera administrativa en la que ocupará sucesivamente diversos cargos. El 14 de octubre de 1824 tiene lugar su primer estreno: la comedia A la vejez, viruelas. Frecuenta la tertulia “El Parnasillo”. Es nombrado director de la Biblioteca Nacional y secretario perpetuo de la Real Academia Española. Sus letrillas y anacreónticas recuerdan a Meléndez Valdés. Y cosecha un gran éxito con su poema La desvergüenza. Escribe en numerosos periódicos y estrena más de un centenar de obras teatrales. Manuel Bretón de los Herreros muere en Madrid el 8 de noviembre de 1873.

Comienza a escribir comedias antes del triunfo de la escuela romántica. El mismo traduce María Estuardo de Schille, y varias obras de Racine y Scribe. Pero su teatro original venía a cumplir una misión fundamental: llenar el vacío del costumbrismo y de la comicidad, huyendo del “tono mayor” predominante en los románticos, que tendían al pasado histórico, o al idealismo fuera de los contornos de lo concreto. Por eso su ingeniosa descripción de costumbres, su gracia poética de las exageraciones del teatro coetáneo, explican su éxito.

La galería cómica de Bretón comprende una rica variedad de tipos de la época, en franca simpatía o en caricatura optimista y riente. Ni acre ni mordaz, Bretón es un escritor de poderosa fuerza, de picante sal cómica, que ha heredado algo del genio vital y sin hiel de nuestro Tirso.

Su drama Elena es su contribución al verdadero teatro romántico. Pero su vena honda estaba al lado festivo y satírico. Versificador fácil, en la parte lírica acierta en las letrillas humorísticas, ligeras y alegres, dignas de ponerse al lado del espíritu de sus comedias.

En la parte dramática empieza por seguir la tradición de Leandro Fernández Moratín. Moratinianas son sus comedias Los dos sobrinos y A Madrid me vuelvo. De su extensa producción, destacan entre otras, las obras siguientes: A la vejez, viruelas, Los sentidos corporales, Muérete ¡y verás!, Todo es farsa en este mundo, Marcela o ¿a cuál de las tres?, El pelo de la dehesa, Don Frutos de Belchite, Una de tantas, Un novio para la niña, Ella es él, La escuela de matrimonio, El rival de sí mismo, El ingenuo, Achaques a los vicios, La sorpresa y La falsa ilustración.

Muy joven todavía, en 1818, hallándose de permiso en Jerez de la Frontera, recibió en un duelo una cuchillada que le causó la pérdida del ojo izquierdo. Esa mengua física, le inspiró el epigrama: “Dejóme el Sumo Poder”.

Bretón toma como base para su obra dramática la sociedad de su tiempo y la reproduce en sus comedias, las cuales se convierten así, en parte, en documento costumbrista. Los ambientes y las modas, las ideas y las preocupaciones, la anécdota con sabor de época, pequeños problemas, caracteres, tipos humanos o representativos de diversas profesiones o clases, son retratados con mano maestra por Bretón. Por ello se puede afirmar que en sus comedias está la España de medio siglo.

El pintor satírico de la Corte, es la nota más destacada del ingenio bretoniano. Madrid se describe en son de crítica -con amore- en sus “conciertos, tertulias, suntuosos, bailes, espectáculos, banquetes”, y en línea clara de casticismo nos dice: “Si voy al baile, me atrapa / algún ratero la capa; / llego helado a mi portal; / llamo; no me oye Pascual..., / y me quedo a la inclemencia./ ¡Paciencia!”

Francisco Arias Solis
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GASPAR NUÑEZ DE ARCE POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

aarias @ 06:47

GASPAR NUÑEZ DE ARCE
(1834-1903)

“El tiempo imposible y frío
va empujando tu memoria
que brilla un punto en la Historia
y se pierde en la memoria.”
Gaspar Nuñez de Arce.

LA VOZ DEL ADALID DE LA POESIA POLÍTICA

El vallisoletano Gaspar Núñez de Arce integra, junto a Campoamor y Bécquer, la triada capital en el aprecio del público y popularidad indiscutida a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, época en la que se inscribe su poesía plenamente y en cuyo seno hemos de entenderla. Fuera del contexto en que surgió y se desenvolvió esta obra aun sin carecer de notables valores poéticos acrónicos y universales, pierde su valor esencial, representativo, quedando un poco lejos del gusto poético actual, causa quizá por la que Núñez de Arce no goza en nuestros días del puesto de privilegio de que disfrutó en su siglo. Sin embargo, tanto Estrofas como Tristezas figuran en la colección de Menéndez Pelayo “Las cien mejores poesías líricas de la lengua castellana”.

Gaspar Nuñez de Arce nace en Valladolid el 4 de agosto de 1834.Trasladada su familia a Toledo, pasa allí parte de su infancia y adolescencia. A los diecisiete años estrena en Toledo su obra teatral Amor y orgullo, con la que obtuvo un éxito notable.

Poeta, periodista y político de ideas liberales. Progresista, primero; después de la Unión Liberal. Más tarde y disuelta esta, del partido constitucional y miembro de la Junta Revolucionaria de Barcelona (1868).

En 1851, tentado por la aventura política y literaria, abandona el hogar y se traslada a Madrid, donde nada más llegar logra un puesto de redactor en uno de los más importantes periódicos de aquel tiempo El Observador. Más tarde es redactor de La Iberia y cronista de la guerra de África. Dedicado a la política, fue diputado, gobernador de Barcelona, senador, secretario de la Presidencia de Gobierno y ministro de Ultramar. También fue presidente del Ateneo de Madrid y miembro de la Real Academia Española. Nuñez de Arce muere en Madrid el 19 de julio de 1903.

Nuñez de Arce escribió varias obras teatrales, entre ellas Justicia providencial, Deudas de honra y Quien debe, paga. La que mayor resonancia alcanzó es El haz de leña. Trata en ella de la muerte de príncipe Don Carlos, hijo de Felipe II. Pero no es por el teatro ni por su circunstancial labor periodística por lo que Nuñez de Arce es recordado. Su mayor notoriedad se debe a su obra en verso lírica o narrativa.

Entre sus obras de poesía narrativa destacan: Raimundo Lulio, que vio la luz en Madrid en 1875, La selva oscura, La última lamentación de Lord Byron, El vértigo, Un idilio y La pesca

La poesía lírica de Nuñez de Arce está representada especialmente por sus libros: Gritos de combate, Versos perdidos y Poemas cortos. En Gritos de combate, su obra capital en la producción poética, con tono grandilocuente ataca la sociedad de su tiempo y se muestra escéptico ante ella, porque según él, en vez de crear libertad, crea libertinaje. Núñez de Arce se halla convencido de que la poesía ha de ser algo más que un juego estético, convirtiéndose así en un medio idóneo de la misión del poeta, paradójicamente, extrapoética y apostólica. Esta concepción de la poesía y la naturaleza político-cívica de su mejor obra, han hecho que la labor poética del vallisoletano haya sido marginada por cierto tipo de crítica finisecular, atenta exclusivamente a sus composiciones de tipo lírico. Otra nota distintiva de la poesía de este poeta cívico es su propensión hacia tonos grandilocuentes y ampulosos que enmascaran las más de las veces una verbosidad carente de contenido. Sus escritos teóricos, muestran a Nuñez de Arce buen conocedor del hecho poético, bien informado tanto de la poesía clásica española como en general de la que se escribe fuera de España. A poco más de un siglo de su muerte, podemos decir que quedará prácticamente como un valor de su época.

El verso de Nuñez de Arce es efectista y fácil, generalmente prosaico pese a la buscada elección del tono y a la trascendencia que quiso darle. La oratoria se destaca más que la verdadera poesía. Como sucede en estos versos: “Salve a esta sociedad desventurada / que bajo el peso de su orgullo mismo / rueda al profundo abismo / acaso más enferma que culpada”.

Francisco Arias Solis
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27/10/2007 GMT 1

DEJAR DE VIVIR POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

aarias @ 19:22

DEJAR DE VIVIR

“Morirse no importa nada:
lo que importa es que la vida
con la muerte se te acaba.”
José Bergamín.

MORIR ES LO ULTIMO QUE LE QUEDA AL HOMBRE

“A mi juicio -decía Freud con razón-, los filósofos piensan en este punto demasiado filosóficamente”. Es verdad: la muerte ha ocupado a los pensadores de un modo permanente, pero al fin y al cabo, como el resto de los mortales, ante ella no tenemos argumentos, sino consolaciones y nada más que eso. Incluso para algunos la propia filosofía es una consolación frente a la muerte.

Con la edad poseemos un saber acumulativo sobre la muerte que no se limita a la muerte ajena. Creo que vamos sabiendo también de la muerte propia. Pensemos en aquel Quotidie morimur, cada día morimos un poco, de Séneca, tantas veces recordado más tarde. La vida no sólo se ocupa de informarnos que hemos de morir, sino de hacernos saber que somos moribundos o murientes, como sostenían los clásicos, y desde muy temprano.

La vieja frase Mors certa, hora incerta no es aplicable a aquel al que se le apaga por momentos la vida, que vive en la totalidad la hora certa y por eso, más que vivir ni morir, “entremuere”, como se decía en castellano antiguo. El moribundo es la persona que entremuere o está en trance de morir, como la llama de una vela que se apaga a la luz del día en el crepúsculo. Todos los verbos expresan una acción, pero pocos como el verbo morir, una acción tan lenta. Más que indicar un acto, un acontecimiento, quiere evocar la resistencia a que esto suceda o cuando menos quiere indicar la lentitud con que sucede. Morir es dejar de vivir, no otra acción más concreta, y eso se hace, poco a poco consumiéndose. En la muerte repentina los segundos se hacen minutos, y en la muerte lenta, a veces queriéndolo así, a veces a pesar nuestro, los minutos pueden durar mucho más de lo que hubiéramos imaginado.

Son muy diferentes, pues, la muerte y el morir. La muerte es la misma para todos y todos, a la vez, somos iguales ante la muerte. Pero hay muchas formas de morir y aun en situaciones muy parecidas todos morimos de distinto modo. Escribe Séneca también que “cualquiera puede quitarle la vida a un hombre, pero ninguno puede quitarle la muerte”. No se quiere decir que morir sea un bien, sino que morir es lo último que le queda al hombre. Morir forma parte de nuestra vida, la muerte ya no, porque es el cese de la vida. En esta simple pero certera constatación basaba Epicuro su consolación a Meneceo: “La muerte -le escribía- nada es para nosotros, porque cuando nosotros somos, la muerte no está presente, y cuando la muerte está presente, entonces ya no somos nosotros”.

¿Es imaginable vivir siempre? ¿Lo soportaríamos? Recordemos el mito de Quirón, el sabio fundador antes que Esculapio, de la medicina.: Quirón se retiró a su cueva deseoso de morir, pero sufría justamente porque era inmortal. Entonces la muerte es un consuelo metafísico para una angustia, la de ser inmortal, peor quizá que la de ser mortal.

Sea moral o no el sentido que da a la muerte la filosofía debe pensárselo también dos veces antes de sugerir de un modo u otro que el ser humano es un ser abocado a la muerte, es decir, atento a ella por un supuesto destino o luctuoso objetivo. Es verdad que estamos sujetos y pendientes de la muerte, pero también que estar vivo, aun sintiéndonos murientes, es un reclamo de continuidad para llegar al minuto siguiente.

La situación del moribundo es comparable a la del expatriado, que ahora es un expatriado de la vida. “Se trata -escribe Albert Camus- de un exilio sin remedio, porque no hay recuerdos de una patria perdida ni esperanza de una tierra prometida”.

El primer aforismo de Hipócrates nos recuerda: “La vida es breve y la ciencia es larga”. Precisamente por ambas cosas hemos de asumir que el moribundo requiere más asistencia humana que estrictamente clínica. Pero la política médica en general no hace mucho para que esta asistencia humana que todos, al fin y al cabo, habremos de necesitar, posea los medios y sobre todo las orientaciones más adecuadas. Política y medicina están ocupadas en hacernos la vida agradable y al final se olvidan de que somos mortales. Y como dijo el poeta: “La muerte ya no me espanta; / tendría más que temer / si en el cielo me dijeran: / has de volver a nacer”.

Francisco Arias Solis
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